-¿Los pájaros saben amar?
- No, el amor es una carga muy pesada para sus huesos porosos. Les oprime las vértebras, aminora la intensidad en su vuelo y termina rompiéndoles las alas, condenándoles a una vida autómata en la tierra.
- Las gallinas… ¿Ellas aman?
- Sí. Y también comen mierda
20.5.07
Demonia golpeteabe la ventana con la sórdida tranquilidad del viernes. Estaciona su auto a un lado de la acera donde una anciana vendía pay.
La mirada del niño se pierde en el suelo y su garganta emite un grito. Anciana, niños, gente, huyen despavoridos.
Demonia había perdido un dedo. No lo había notado
La mirada del niño se pierde en el suelo y su garganta emite un grito. Anciana, niños, gente, huyen despavoridos.
Demonia había perdido un dedo. No lo había notado
15.5.07
Palabras Muertas
Las palabras se me fueron contigo, tomaron sus cachibaches, se calzaron los zapatitos y se pusieron el gorrito para salir a la calle. Era domingo, lo recuerdo porque me despertaron con el bullicio habitual y deprimente de los domingos grises.
Antes de que todas se fueran, pasaba los domingos describiéndote. Así como quién corta los pétalos de una flor con la letanía del "Me quiere/ No me quiere", así cortaba yo las palabras del árbol y repetía: espontáneo, fantasmagórico, falaz, imposible, cáñamo...
Hasta que daban las cinco de la tarde y era hora de llorar, recogía todas las palabras y me metía a casa. Las escondía debajo de la cama para que nadie supiera que había pensado en tí y tomaba una taza de té caliente.
Ese domingo dijeron que estaban hartas de que no las empleara bien, que cuando tu estabas todas revoloteaban a gusto por el cuarto, y se vestían como les daba la gana, pero el socialismo de mi depresión terminó por aburrirlas y, hastiadas, buscaban revolución. Así que se fueron sin rumbo fijo a buscar a otra enamorada que les pusiera la atención que necesitaban y pudiera embellecerlas con mejores combinaciones.
Desde entonces todavía encuentro una que otra palabra, pálida, rígida y fría entre el polvo de debajo de la cama. Pienso juntarlas todas y pagar a la oficina postal para que las deje justo frente a tu puerta; después de todo, son tus palabras muertas.
Antes de que todas se fueran, pasaba los domingos describiéndote. Así como quién corta los pétalos de una flor con la letanía del "Me quiere/ No me quiere", así cortaba yo las palabras del árbol y repetía: espontáneo, fantasmagórico, falaz, imposible, cáñamo...
Hasta que daban las cinco de la tarde y era hora de llorar, recogía todas las palabras y me metía a casa. Las escondía debajo de la cama para que nadie supiera que había pensado en tí y tomaba una taza de té caliente.
Ese domingo dijeron que estaban hartas de que no las empleara bien, que cuando tu estabas todas revoloteaban a gusto por el cuarto, y se vestían como les daba la gana, pero el socialismo de mi depresión terminó por aburrirlas y, hastiadas, buscaban revolución. Así que se fueron sin rumbo fijo a buscar a otra enamorada que les pusiera la atención que necesitaban y pudiera embellecerlas con mejores combinaciones.
Desde entonces todavía encuentro una que otra palabra, pálida, rígida y fría entre el polvo de debajo de la cama. Pienso juntarlas todas y pagar a la oficina postal para que las deje justo frente a tu puerta; después de todo, son tus palabras muertas.
6.5.07
No necesitas...
Este altar de sal,
Granos de mis lágrimas evaporadas.
No estos rezos
de sollozos altaneros.
No este mar
de petróleos y tumores.
No estas uñas
carcomidas por la impaciencia.
No esos sábados,
dormidos en el aburrimiento de tu espera.
No mis madrugadas masoquistas
con tu recuerdo de látigo.
No este remiendo devoto
a tí, el peor de todos los santos.
Granos de mis lágrimas evaporadas.
No estos rezos
de sollozos altaneros.
No este mar
de petróleos y tumores.
No estas uñas
carcomidas por la impaciencia.
No esos sábados,
dormidos en el aburrimiento de tu espera.
No mis madrugadas masoquistas
con tu recuerdo de látigo.
No este remiendo devoto
a tí, el peor de todos los santos.
17.4.07
Mamá se ha ido a la mar y no regresará sino hasta mañana, tiempo suficiente para conciliarse con la demencia por intervención de la soledad.
Me deja a cargo del teléfono y las cuentas no saldadas, acechada por los recuerdos y cuestionantes que se turnan para torturarme en este espacio en el que tú, yo, y nuestras saudades no coexisten.
Mamá se ha ido lejos, dejando la casa llena de monstruos que jamás duermen, que se meten en la música y le succionan a uno las ganas de vivir. Ella empacó la compañía y los medicamentos que me tienen atada a esta realidad de papel, estas visiones gaseosas que se me esfuman como besos de acuarelas.
“Yo te quiero” – es lo único que sé decir desde que no estás, y en estos ojos se me plasman tus letras mentirosas, y me penetran los oídos tus voces y matices que imagino como si yo los hubiera creado. Después de todo, cielo: Sí. Yo te he creado en este mundo de nubes pastel del que eres gobernante, en esta nada que me construye. Y en tus brazos he ideado el bunker perfecto donde esconderme de mí misma, de ti… de nosotros.
Me deja a cargo del teléfono y las cuentas no saldadas, acechada por los recuerdos y cuestionantes que se turnan para torturarme en este espacio en el que tú, yo, y nuestras saudades no coexisten.
Mamá se ha ido lejos, dejando la casa llena de monstruos que jamás duermen, que se meten en la música y le succionan a uno las ganas de vivir. Ella empacó la compañía y los medicamentos que me tienen atada a esta realidad de papel, estas visiones gaseosas que se me esfuman como besos de acuarelas.
“Yo te quiero” – es lo único que sé decir desde que no estás, y en estos ojos se me plasman tus letras mentirosas, y me penetran los oídos tus voces y matices que imagino como si yo los hubiera creado. Después de todo, cielo: Sí. Yo te he creado en este mundo de nubes pastel del que eres gobernante, en esta nada que me construye. Y en tus brazos he ideado el bunker perfecto donde esconderme de mí misma, de ti… de nosotros.
27.3.07
¿Te veré en el Desayuno?
"los recuerdos no deberían durar más de tres o cuatro días [...] Si uno carga con todos los recuerdos termina hundiéndose, medio especulaba Cristina, por eso mi memoria nunca irá más allá de los tres días, ¿Para qué darle vueltas a lo mismo? Después de todo, todo vuelve a aparecer y tarde o temprano nos encontraremos con los mismos hijos de puta que pensábamos se habían perdido para siempre; todo es caminar en círculo para después hundirse, exhaustos, en el centro de ese mismo círculo, sin saber nada, sin saber por qué las cosas terminaron tan rápido."
22.3.07
Garrapata (El Perfume- Patrick Süskind)
O como aquella garrapata del árbol, para la cual la vida es sólo una perpetua invernada. La pequeña y fea garrapata, que forma una bola con su cuerpo de color gris plomizo para ofrecer al mundo exterior la menor superficie posible; que hace su piel dura y lisa para no secretar nada, para no transpirar ni una gota de sí misma. La garrapata, que se empequeñece para pasar desapercibida, para que nadie la vea y la pise. La solitaria garrapata, que se encoge y acurruca en el árbol, ciega, sorda y muda, y sólo husmea, husmea durante años y a kilómetros de distancia la sangre de los animales errantes, que ella nunca podrá alcanzar por sus propias fuerzas. Podría dejarse caer; podría dejarse caer al suelo del bosque, arrastrarse unos milímetros con sus seis patitas minúsculas y dejarse morir bajo las hojas, lo cual Dios sabe que no sería ninguna lástima. Pero la garrapata, terca, obstinada y repugnante, permanece acurrucada, vive y espera. Espera hasta que la casualidad más improbable le lleve la sangre en forma de un animal directamente bajo su árbol. Sólo entonces abandona su posición, se deja caer y se clava, perfora y muerde la carne ajena.
20.3.07
Delirio
*Creen que no entiendo pero sí entiendo; le conozco la cara a eso que es horrible y que espera en lo oscuro, al otro lado de la puerta, quieto bajo la lluvia porque se escapó de donde lo tenían encerrado, y que espía con sus ojos vacíos hacia el interior de nuestra casa iluminada.
* [...] Y si él aprende a nombrarme me contamina, se vuelve dueño de mi nombre, y se me cuela adentro, llega hasta el fondo de mi cabeza y ahí hace su cueva y se queda a vivir para siempre, en un nido de pánico.
* [...] Y si él aprende a nombrarme me contamina, se vuelve dueño de mi nombre, y se me cuela adentro, llega hasta el fondo de mi cabeza y ahí hace su cueva y se queda a vivir para siempre, en un nido de pánico.
19.3.07
292
Me gustaba el número dos [...], el dos me permitía defenderme, el dos llenaba el vacío que hay entre tú y yo, en cambio, el tres me revienta la cabeza en un millón de pedazos.
18.3.07
Gabriela es...
El pájaro aporreado que teme volar
El enfermo que se rehúsa a la recuperación
La niña de ojos tristes
La mujer de penas largas
La de miradas nuevas
La obnubilada
La dispersa
La histericoide
La cabrona
La pisoteada
La nunca amada
El algodón de dulce que nadie compró
El cigarro que no se fumó
La virginidad que no se rompió
La caducidad de la vida
El contenido nutricional de las latas del desamor
El desamparo inaudito
El lamento solitario
Los labios marchitos
(-Gabriela, Gabriela, Gabriela...- ese sonido que no volverá)
El enfermo que se rehúsa a la recuperación
La niña de ojos tristes
La mujer de penas largas
La de miradas nuevas
La obnubilada
La dispersa
La histericoide
La cabrona
La pisoteada
La nunca amada
El algodón de dulce que nadie compró
El cigarro que no se fumó
La virginidad que no se rompió
La caducidad de la vida
El contenido nutricional de las latas del desamor
El desamparo inaudito
El lamento solitario
Los labios marchitos
(-Gabriela, Gabriela, Gabriela...- ese sonido que no volverá)
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