8.2.09
te qiero desde el borde de tus uñas carcomidas.
Te qiero en el mandato imperial desobedecido,
en la horma de los zapatos en el tendido.
Te qiero en la costura mal hecha de mi vestido.
Te qiero como a las tres de la mañana del domingo,
en el café escondido te de un ghetto parisino.
A escondidas, te qiero.
te qiero en el tarro de hojas de laurel,
en el mas pequeño de los sonidos.
Te qiero cuando estás y tus ojos se cansan,
cuando nos no qedó más qe el olvido.
Te qiero con mis escasos recursos,
con la gavetera del rincón,
con todos los sueños qe no han florecido.
Te qiero a destiempos
y con nula sincronía.
Te qiero cuando ries,
cuando miras.
Aún hoy,
cuando nuestros días han fallecido
se escucha tu vieja canción atrapada
en mi melena desbocada.
..................... Y dice qe te qiero
.....................................................con la esperanza de nada
7.2.09
Hoy el viento se cuela violento en la frágil quietud de la noche, pero Diana duerme. Duerme acompañadA por la simpleza, en un etéreo halo de tranquilidad.
Podría conquistar techos y arrebatar a la nube traicionera la ráfaga fantasiosa del ensueño. Podría brincar del tejado y ensayar un vuelo imposible. Podría descubrir al ratón de los dientes para devorarlo. Podría vigilar, silente y caprichosa, al muchacho de rizos y manos de música.
Diana podría descifrar las gotas de rocío que como constelaciones se estampan en las hojas, pero hoy duerme. Duerme porque todo lo sabe y nada quiere más sino dormir.
23.1.09
21.1.09
Pero sólo entonces, cuando tu vida se filtra como luz en la pupila ajena, cuando el tiempo transcurre en un reloj de infinitas arenas, cuando su nombre indomable está presente en las míticas espirales del nautilus, y tu andar se se torna frágil como el vuelo del ave
Sólo cuando la violencia de la vida te ha rasgado la cara y tu no quieres sino vivir, a prisa, con premura, a destiempo, en el más sublime de los caos. Sólo entonces, cuando el incesante terremoto de la vida es ya imperceptible, puedes admitir: has caido en las fauces hambrientas de ese monstruo llamado amor.
14.1.09
Porque, vaya, nunca me ha gustado presumir; pero dinero nunca me faltaba. Y tampoco quería ser como las vecinas de mi barrio que, como garrapatas, se enganchaban a un Latournerie, un Monterrosa, o ve tú a saber qué pinche nuevo rico se les cruzara. Eso sí que no; no iba a pasarme horas esperando a que mi teléfono sonara. No iba a ensayar mis poses y sonrisas en el espejo esperando a ver cuál de ellas iba a asegurarme el patrocinio que tanto buscaba. Mucho menos arreglarme y exhibirme como vaca en feria ganadera, a ver si alguien se interesaba en comprarme. Para que, cuando por fin todo eso sucediera, pudiera vivir a expensas del juniorcito pesado y de nariz respingada que me llevara al club, de shopping a Santa Fé, y de fin de semana a Valle de Bravo.
Obviamente todo esto no me resultó nunca tan fatal. Todo se jode cuando resulta que el niño se ha aburrido y busca otra diversión. Que, por justicia poética, termina siendo otra guarra, tres o cuatro veces más gata que tú. Sí, todo esto es un gran embrollo, mucha energía y empeño para alguien como yo. Tú me conoces, no necesito estrategias para ser una vividora. Conmigo las cosas son más simples; si te hago una fregadera te la hago, y punto. Sin disculpas ni la chingada, porque sé perfectamente lo que hago; y hasta me enorgullece hacerlo tan bien.
15.12.08
Diana no quiere creer en el amor, su condición minina la obliga. Dice que el amor es cosa exclusiva de gatos, y yo le creo; el amor vive en los tejados, de noche, cuando sólo la luna es el testigo ocular de sus fechorías, cuando el ronquido reina en el aire y las libélulas se pasean libres.
El amor es un gato de maullido tierno y garras afiladas, de comportamiento traicionero y coqueto andar.
Diana sabe del amor todo lo que sabe un gato: El amor es sólo para aquellos capaces de escalar muy alto y, aun así, caer de pie.
El amor es un miau que se esconde en el algodón de azúcar que vuela por el aire.
6.12.08
5.12.08
Alba no suele enfermarse, pero cuando ocurre, lo hace de gravedad. Y su corazón late, enfermo, acongojado en su pecho que enardece en el candor que le explota desde dentro. Su corazón enfermó, enfermó de gravedad al ver al joven de los cabellos de rizo partir. Enfermó al ver su silueta lejana devorada por el sonido vago del adiós. Enfermó al sentir su nombre cada vez mas apagado en el cenicero yerto de su alma. Y enfermó, se dejó enfermar. La enfermedad mortífera del desamor le ha infectado el miocardio y se come cada uno de sus tejidos.
Alba quiere pelear. Está decidida a pelear por lo que quiere (si es que sabe lo que quiere). Y esta noche, cada piedra/día le ha caído en el pecho y le pesa, y le arde, y le duele amargamente. Esta noche no va a cerrar los ojos, ni vera en sus adentros, porque todo se le pudre, todo se le está muriendo. Y así, con sus vísceras agónicas, Alba suelta el suspiro que le ha de lastimar el alma, para nunca dejarla cicatrizar.
Alba despierta (para darse cuenta que nunca estuvo dormida)
19.11.08
y amenaza con tragarme.
Ese horrible monstruo de tres cabezas
se come mis ansias de ti
que desembocan en el beso
que hago con mis labios.
Mas alla, en el muelle donde fallece la tarde,
un ave volo para dejarse morir en altamar.
El pescador atrapo un pez que,
convertido en ave
se vistio de atardecer