El muchacho de rizos
parece dormir
sin percatarse que
la golondrina se disloca
fuera de su ventana
17.11.08
12.11.08
Sin Titulo #2
Necesito un silencio
Para guardar el silencio
Que vive en medio del tic
Y el tac del reloj
Necesito un alféizar
Donde sentar
mis esperanzas cansadas
Necesito una golondrina
Que me enseñe
A cantarle, sin miedo
A todas nuestras muertes
Necesito un despertador
Que me indique, con exactitud
Las horas de calma
Necesito tiempo
Todo el tiempo del mundo
Para cansarme
Para ya no esperarte
Para guardar el silencio
Que vive en medio del tic
Y el tac del reloj
Necesito un alféizar
Donde sentar
mis esperanzas cansadas
Necesito una golondrina
Que me enseñe
A cantarle, sin miedo
A todas nuestras muertes
Necesito un despertador
Que me indique, con exactitud
Las horas de calma
Necesito tiempo
Todo el tiempo del mundo
Para cansarme
Para ya no esperarte
A él… porque no quiso
atarme entre sus rizos
I
¿A donde fuiste, claro de luna?
¿A donde fuiste dejándome tan cerca de la locura
Y tan lejos de la risa?
Te fuiste con el rumbo de las aves
Te fuiste con el verano en busca de calor
Te fuiste con los espasmos acongojados de mi corazón
Tu ya estas allá, alejado de mi amor
Amor, alejado de mi, tu estas
Y tu amor, lejos, lejos se va
Que espere…
Que me siente, que fume y espere
La hora deshilachada de tu regreso
Y yo que no se esperar
Y yo que no se de la espera abnegada
de la espera apesadumbrada
De la espera, de la partida
De la espera que parte y se retira
Te fuiste, amor,
Sin postales,
Sin dioses ni adioses
Y sigues, sigues yéndote cada noche
Muriendo más dentro de mí cada noche.
Cada noche más profunda, mas amarga,
más muerte, la muerte que de ti parte
Para venir a morir en mí.
Y el río de los recuerdos se desborda,
Se desborda irremediablemente…
Y en tus pupilas los cristales tiemblan
II
Detrás de ti, el caos
Me muerde alevoso
Detrás de ti, el dolor
Que no resisto
Dejas tu estola, cometa saturnino
Tu estola saturnina de dolor
Tus dolores articulados se quedan
Y cristalizan el pánico
Mañana, será otro día
Con otro dolor
Con otra jaula
Con otra herida
Y escuchas, y observas y miras
Y callas, y duermes y te vas
Y olvidas tu estola saturnina
III
Calla niña,
Calla el eco de la tristeza
Calla niña y cierra los ojos
Acostúmbralos a la visión onírica
Duerme, niña, y sueña el sonido de la azucena
Escala, pequeña mía, la escalera de la resignación
Para que, cuando el vuelva, y quiera arrebatarte la locura, entienda
Que locura ya eres tu
IV
Un vertigo, como otros
Te llama, amada aborrecida
Y tu caes
En ese vértigo
El vértigo
V
En la silla me desmayo
Desfallezco en sopor
A la espera, en deriva
Meditante. Soy la muchacha
Una de tantas,
que te espera con un abanico.
Y tú afuera, y las cometas
Tú corres y silvas en el nombre de la nada
Y tú no esperas, osado,
No esperas nada.
Sigo desmayándome,
Desfalleciéndote, a ti
A tu recuerdo, a tus cometas
Y a tu nada.
VI
Tú y yo el secreto
En la boca mutilada del incierto
Me callas, me miras, me arrastras
En tu boca se teje el sueño
Mas estrellado de los cielos
Y tus pupilas, mis lunas
Cuando acabe el desierto
Descienda el mar
Cuando la nada diga nada
VII
Mientras se consume
El cigarro que ya no fumaré
Por escribirte las palabras
Te regalaré las últimas tristezas
Las últimas trizas de caricias
Los últimos caracoles del desierto
Mientras se me consume la vida
Te diré que las sirenas
Ya no van a la altamar
VIII
Y el caracol llego al desierto
Para dejarse morir
Lejos de la sal
IX
Inhalas
Exhalas
Inhalas
Exhalas
Así se te ha pasado la vida, amor
Así se te ha pasado el amor
Y te han pasado las caricias
que ha sepultado el tiempo con sus piedras
Sigues llenando tus pulmones
Con el viento frío
que viene del no-norte
Un te amo vuela con la brisa
X
Si vas a jurar en vano
Jura no volver
Da la media vuelta
Y pretende que todo nunca pasó
(No es que no te extrañe, es que me esta exterminando extrañarte tanto, tanto.)
atarme entre sus rizos
I
¿A donde fuiste, claro de luna?
¿A donde fuiste dejándome tan cerca de la locura
Y tan lejos de la risa?
Te fuiste con el rumbo de las aves
Te fuiste con el verano en busca de calor
Te fuiste con los espasmos acongojados de mi corazón
Tu ya estas allá, alejado de mi amor
Amor, alejado de mi, tu estas
Y tu amor, lejos, lejos se va
Que espere…
Que me siente, que fume y espere
La hora deshilachada de tu regreso
Y yo que no se esperar
Y yo que no se de la espera abnegada
de la espera apesadumbrada
De la espera, de la partida
De la espera que parte y se retira
Te fuiste, amor,
Sin postales,
Sin dioses ni adioses
Y sigues, sigues yéndote cada noche
Muriendo más dentro de mí cada noche.
Cada noche más profunda, mas amarga,
más muerte, la muerte que de ti parte
Para venir a morir en mí.
Y el río de los recuerdos se desborda,
Se desborda irremediablemente…
Y en tus pupilas los cristales tiemblan
II
Detrás de ti, el caos
Me muerde alevoso
Detrás de ti, el dolor
Que no resisto
Dejas tu estola, cometa saturnino
Tu estola saturnina de dolor
Tus dolores articulados se quedan
Y cristalizan el pánico
Mañana, será otro día
Con otro dolor
Con otra jaula
Con otra herida
Y escuchas, y observas y miras
Y callas, y duermes y te vas
Y olvidas tu estola saturnina
III
Calla niña,
Calla el eco de la tristeza
Calla niña y cierra los ojos
Acostúmbralos a la visión onírica
Duerme, niña, y sueña el sonido de la azucena
Escala, pequeña mía, la escalera de la resignación
Para que, cuando el vuelva, y quiera arrebatarte la locura, entienda
Que locura ya eres tu
IV
Un vertigo, como otros
Te llama, amada aborrecida
Y tu caes
En ese vértigo
El vértigo
V
En la silla me desmayo
Desfallezco en sopor
A la espera, en deriva
Meditante. Soy la muchacha
Una de tantas,
que te espera con un abanico.
Y tú afuera, y las cometas
Tú corres y silvas en el nombre de la nada
Y tú no esperas, osado,
No esperas nada.
Sigo desmayándome,
Desfalleciéndote, a ti
A tu recuerdo, a tus cometas
Y a tu nada.
VI
Tú y yo el secreto
En la boca mutilada del incierto
Me callas, me miras, me arrastras
En tu boca se teje el sueño
Mas estrellado de los cielos
Y tus pupilas, mis lunas
Cuando acabe el desierto
Descienda el mar
Cuando la nada diga nada
VII
Mientras se consume
El cigarro que ya no fumaré
Por escribirte las palabras
Te regalaré las últimas tristezas
Las últimas trizas de caricias
Los últimos caracoles del desierto
Mientras se me consume la vida
Te diré que las sirenas
Ya no van a la altamar
VIII
Y el caracol llego al desierto
Para dejarse morir
Lejos de la sal
IX
Inhalas
Exhalas
Inhalas
Exhalas
Así se te ha pasado la vida, amor
Así se te ha pasado el amor
Y te han pasado las caricias
que ha sepultado el tiempo con sus piedras
Sigues llenando tus pulmones
Con el viento frío
que viene del no-norte
Un te amo vuela con la brisa
X
Si vas a jurar en vano
Jura no volver
Da la media vuelta
Y pretende que todo nunca pasó
(No es que no te extrañe, es que me esta exterminando extrañarte tanto, tanto.)
4.10.08
Tu Boca (Fragmento de Rayuela, Julio Cortazar)
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujandola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mi para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio.
Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.
Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio.
Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.
23.8.07
Tu Corazòn
Es tu corazòn,
y mi mano en pos de èl,
un sonido de tambores en medio de la noche
fria del desierto.
Tu corazòn
y su ritmo tribal,
su cadencia de hogueras
y cuerpos desnudos
Es tu corazòn un baile de los cuerpos;
el baile de la humanidad
y mi mano en pos de èl,
un sonido de tambores en medio de la noche
fria del desierto.
Tu corazòn
y su ritmo tribal,
su cadencia de hogueras
y cuerpos desnudos
Es tu corazòn un baile de los cuerpos;
el baile de la humanidad
14.8.07
Ayer quize buscarte...
tragarme el orgullo y arrojarme embelezada a tus brazos, olvidar la primavera y verano de ausencias y aspirarte todo, completo; robarme el olor de tu piel, y el aroma que emana de entre tus cabellos rebeldes. Olvidarme un poco del llanto que sabe a tì, para saborearte tal cual, para besar tus labios irreales en medio de un abrazo de humo.
Ayer expliquè tantas veces tu partida, y, en el embrollo interminable de silogismos y falacias, me arrojè a la fascinaciòn utòpica de tus caricias de horas prohibidas, de nuestros besos de crimen perfecto, de nuestras manos pudorosas en busca de la piel ajena.
Tus cosas, fieles testigos de mi obsesiva espera sabatina, estàn aquì, con el rastro aùn fresco de tus dactilares y sus autopistas absurdas. Aun te esperan la taza de tè, los memoramas de domingo, la matinè del hartazgo y el sillon del letargo amoroso. Aùn yo, en mi tragicomèdica rutina diaria, me asomo de vez en cuando a la puerta esperando toparme con tu silueta de sombras pequeñas.
Hoy le danzarè a la luna hasta desangrarme los pies. Hoy esperarè, agazapada debajo de tu cama, a que Nix haya cantado ya a tus oidos ese arruyo que te haya arrojado al mundo de lo onìrico. Entonces ( y sòlo entonces) , me incorporarè para verte dormir y te dirè mil palabras que ni yo misma recordarè.
Me recostarè, a escuchar tu latir y buscarè tu boca, para sentir el tìmido calor que tu respiraciòn me tatùa en la piel.
No te asustes amor, no te asustes si en la cansada duermevela de tu quieto dormir escuchas un llanto estremecido. Te juro que no soy yo, te juro vida que mis làgrimas no son; es tan sòlo Eos que se acerca egoìsta para alejarme de tu mirar y dejarte en la absoluta ignorancia de este amor que se me escapa de noche, y pretende olvidar que ya no estàs.
Ayer expliquè tantas veces tu partida, y, en el embrollo interminable de silogismos y falacias, me arrojè a la fascinaciòn utòpica de tus caricias de horas prohibidas, de nuestros besos de crimen perfecto, de nuestras manos pudorosas en busca de la piel ajena.
Tus cosas, fieles testigos de mi obsesiva espera sabatina, estàn aquì, con el rastro aùn fresco de tus dactilares y sus autopistas absurdas. Aun te esperan la taza de tè, los memoramas de domingo, la matinè del hartazgo y el sillon del letargo amoroso. Aùn yo, en mi tragicomèdica rutina diaria, me asomo de vez en cuando a la puerta esperando toparme con tu silueta de sombras pequeñas.
Hoy le danzarè a la luna hasta desangrarme los pies. Hoy esperarè, agazapada debajo de tu cama, a que Nix haya cantado ya a tus oidos ese arruyo que te haya arrojado al mundo de lo onìrico. Entonces ( y sòlo entonces) , me incorporarè para verte dormir y te dirè mil palabras que ni yo misma recordarè.
Me recostarè, a escuchar tu latir y buscarè tu boca, para sentir el tìmido calor que tu respiraciòn me tatùa en la piel.
No te asustes amor, no te asustes si en la cansada duermevela de tu quieto dormir escuchas un llanto estremecido. Te juro que no soy yo, te juro vida que mis làgrimas no son; es tan sòlo Eos que se acerca egoìsta para alejarme de tu mirar y dejarte en la absoluta ignorancia de este amor que se me escapa de noche, y pretende olvidar que ya no estàs.
23.5.07
Capitulo 8: De los Mandamientos de Todo lo Perteneciente al Aire
-¿Los pájaros saben amar?
- No, el amor es una carga muy pesada para sus huesos porosos. Les oprime las vértebras, aminora la intensidad en su vuelo y termina rompiéndoles las alas, condenándoles a una vida autómata en la tierra.
- Las gallinas… ¿Ellas aman?
- Sí. Y también comen mierda
- No, el amor es una carga muy pesada para sus huesos porosos. Les oprime las vértebras, aminora la intensidad en su vuelo y termina rompiéndoles las alas, condenándoles a una vida autómata en la tierra.
- Las gallinas… ¿Ellas aman?
- Sí. Y también comen mierda
20.5.07
Demonia golpeteabe la ventana con la sórdida tranquilidad del viernes. Estaciona su auto a un lado de la acera donde una anciana vendía pay.
La mirada del niño se pierde en el suelo y su garganta emite un grito. Anciana, niños, gente, huyen despavoridos.
Demonia había perdido un dedo. No lo había notado
La mirada del niño se pierde en el suelo y su garganta emite un grito. Anciana, niños, gente, huyen despavoridos.
Demonia había perdido un dedo. No lo había notado
15.5.07
Palabras Muertas
Las palabras se me fueron contigo, tomaron sus cachibaches, se calzaron los zapatitos y se pusieron el gorrito para salir a la calle. Era domingo, lo recuerdo porque me despertaron con el bullicio habitual y deprimente de los domingos grises.
Antes de que todas se fueran, pasaba los domingos describiéndote. Así como quién corta los pétalos de una flor con la letanía del "Me quiere/ No me quiere", así cortaba yo las palabras del árbol y repetía: espontáneo, fantasmagórico, falaz, imposible, cáñamo...
Hasta que daban las cinco de la tarde y era hora de llorar, recogía todas las palabras y me metía a casa. Las escondía debajo de la cama para que nadie supiera que había pensado en tí y tomaba una taza de té caliente.
Ese domingo dijeron que estaban hartas de que no las empleara bien, que cuando tu estabas todas revoloteaban a gusto por el cuarto, y se vestían como les daba la gana, pero el socialismo de mi depresión terminó por aburrirlas y, hastiadas, buscaban revolución. Así que se fueron sin rumbo fijo a buscar a otra enamorada que les pusiera la atención que necesitaban y pudiera embellecerlas con mejores combinaciones.
Desde entonces todavía encuentro una que otra palabra, pálida, rígida y fría entre el polvo de debajo de la cama. Pienso juntarlas todas y pagar a la oficina postal para que las deje justo frente a tu puerta; después de todo, son tus palabras muertas.
Antes de que todas se fueran, pasaba los domingos describiéndote. Así como quién corta los pétalos de una flor con la letanía del "Me quiere/ No me quiere", así cortaba yo las palabras del árbol y repetía: espontáneo, fantasmagórico, falaz, imposible, cáñamo...
Hasta que daban las cinco de la tarde y era hora de llorar, recogía todas las palabras y me metía a casa. Las escondía debajo de la cama para que nadie supiera que había pensado en tí y tomaba una taza de té caliente.
Ese domingo dijeron que estaban hartas de que no las empleara bien, que cuando tu estabas todas revoloteaban a gusto por el cuarto, y se vestían como les daba la gana, pero el socialismo de mi depresión terminó por aburrirlas y, hastiadas, buscaban revolución. Así que se fueron sin rumbo fijo a buscar a otra enamorada que les pusiera la atención que necesitaban y pudiera embellecerlas con mejores combinaciones.
Desde entonces todavía encuentro una que otra palabra, pálida, rígida y fría entre el polvo de debajo de la cama. Pienso juntarlas todas y pagar a la oficina postal para que las deje justo frente a tu puerta; después de todo, son tus palabras muertas.
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