9.8.09

Esa noche de sábado
(mientras la claridad
de la ventana anunciaba
el domingo lastimero)
me acurruqué en una silla.

Te escribí los versos
que mis ojos esquivos
no saben decirte.

Y el dolor me ahogó,
y deseé que ése
no fuera tu nombre
para luego poder
ahogarte conmigo

Te llamé por tu nombre
lo rasgué en la pared
hasta quedarme sin uñas

Y grité dolorosa y solemne
tu nombre incendiario
que asfixió a mi voz
en la soledad trágica
de mi vientre acalambrado

El dolor fue inmenso,
hondo
... como la miseria

Y tú me doliste, hermano
como el amante más amado
como el más pequeño de mis hijos
Me doliste infinitamente

Me dolieron tus ojos,
tus dedos, tu barbilla,
la planta de tus pies

Me dolieron...
tus pestañas
tu nuca
tu cabellera desquiciada

Me dolió,
¡me aterró tanto la vida!

Y aún siendo un sábado
me acurruqué en una silla
para llorar por esa muerte
que aún no venía

2 comentarios:

Javier Alejandro Toledo dijo...

buen poema, como para leerlo el miercoles.

saludos!

xamonconequis dijo...

hey you quien sos?